Platicando con un grupo de amigos, surgió el tema del III Congreso Internacional de Espiritualidad de la Cruz. Interesados por el evento, me preguntaron cuál era el objetivo del congreso, a lo cual contesté que buscábamos el hacer una reflexión profunda que nos permitiera descubrir nuevos caminos de acción para nuestra Espiritualidad, con el fin de dar una respuesta más efectiva a los desafíos que presenta nuestro mundo.
Aprovechando el momento, traté de hacer una pequeña encuesta, preguntándoles ¿Cuál piensas tú sea el principal desafío que tiene nuestro mundo actual? Como se imaginarán, las respuestas fueron muchas y variadas, pero una de ellas llamó mi atención: El desafío principal que tenemos en nuestro mundo es el volver a ser humanos. Esa respuesta se quedó en mi mente y ha estado demandando mi atención.
Me parece que esas palabras fueron expresadas con gran sensibilidad y sabiduría. Si en este momento tratáramos de hacer una lista de los desafíos que tiene nuestro mundo, la lista sería larga, y si tratáramos de encontrar la raíz de fondo de cada uno de esos problemas, encontraríamos, muy probablemente, la deshumanización como su causa principal.
Y es que, paulatinamente, nos hemos ido despojando de las características humanas con las que Dios nos creó: la compasión, la misericordia, el respeto absoluto a la vida, la conciencia comunitaria, entre muchas otras más.
La deshumanización nos ha llevado a un egoísmo latente, a extinguir o a dejar en el abandono absoluto a las mayorías miserables que habitan en el mundo; nos ha llevado al aborto y a la eutanasia, a la crueldad y a la indolencia, a la guerra y a la dominación entre países.
¿Es una cuestión ética la humanización? Yo creo que no sólo ética, sino que es una cuestión profundamente cristiana. 
En nuestra Espiritualidad se nos pide vivir las actitudes de Jesús Sacerdote y Víctima: tener un corazón compasivo y misericordioso, ser solidarios con los que más sufren y menos tienen. Por ello, no podemos cerrar nuestros ojos a la realidad de nuestro mundo; no podemos seguir viviendo con actitudes apáticas, egoístas e individualistas, pues nosotros mismos corremos el riesgo de ser víctimas de esta deshumanización.
Luchemos por la vida en todas las formas posibles, volvamos a tener conciencia comunitaria, sabiéndonos responsables de esa enorme comunidad en la que Dios nos ha llamado vivir para servir.
Yo le doy gracias a mi amiga Lily, porque con su respuesta ha despertado en mí la inquietud de preguntarme: