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¿Qué entendemos al decir Cruz del Apostolado?
P. Luis Ruiz V.; M.Sp.S.
Comunidad de Cristo Sacerdote
Tlalpan, México D.f.
Mayo 3, 2008
Voy a centrarme en tres significados:
+ La cruz que vio Concepción Cabrera de Armida
+ La cruz emblema o símbolo de las personas que pertenecen al Apostolado de la Cruz y de quienes vivimos la espiritualidad de la cruz.
+ La cruz del apostolado propio y exclusivo de Cristo Sacerdote y Víctima
LA CRUZ QUE VIÓ CONCEPCIÓN CABRERA DE ARMIDA
El texto que presento, es tal vez, la narración mas antigua que se conserva de la visión que tuvo Conchita, en la Iglesia de la Compañía de San Luis Potosí pocos días después del 14 de enero de 1894, día en que ella, llena del Espíritu Santo clamó en nombre de toda la humanidad: ¡Jesús salvador de los hombres, sálvalos, sálvalos! La visión y mensaje de esta cruz es la respuesta de Dios a este clamor. Ella lo narra así:
NARRACIÓN DE LA APARICIÓN DE LA CRUZ DEL APOSTOLADO
“Una mañana inolvidable, estando en oración esta alma...[] en la Iglesia de la Compañía, a eso de las 7, vio repentinamente una gran luz, pura y clarísima, sin fondo, como que no tenía fin... y después de transcurridos algunos instantes, se destacó en la parte alta, diré para explicarme, y como produciéndola, (a la luz), una Paloma blanca y luminosa. Se quedó esta alma estupefacta, sin saber lo que aquello era, ni lo que quería decir.
Comunicándole esto a su Director, sólo escuchó por respuesta estas cortas palabras: "Esperemos"
. Efectivamente, no se hizo mucho esperar la solución de esta visión. Pocos días después, en el mismo templo y a la misma hora, se volvió a repetir [17] la misma. Repentinamente se dejó ver esta Palomita en un foco de luz clarísima, casi blanca; y sin cortarse, diré, esta luz subir de color hasta llegar a color de fuego... y, entre un montón de nubes luminosas o iluminadas por el mismo fuego vivo, así, como si el cielo se hubiera rasgado, dejando ver un fondo extensísimo de aquellas luces de distintas clases, se destacó, en aquel fondo sin fondo, una enorme Cruz, sin ningún apoyo, flotante, y en el centro de aquella hermosa Cruz, un Corazón... un Corazón rodeado con otro fuego y luz especial... aquel Corazón divino que algunas veces ya se había presentado solo, a los ojos de esta alma... Ahora, además de sus insignias, venía como clavado en el centro, repito, de esta enorme cruz de color de madera natural.
Pocos instantes después, escuchó esta alma claramente estas palabras: "Quiero que éste sea el Escudo del Apostolado de la Cruz". Y después: "La Paloma, representa [18] al Espíritu Santo quien, con sus alas y su caridad, y su luz, cobijará y amparará esta Obra, la cual salvará a las Naciones". (Compendio Histórico de las Obras de la Cruz pp.16-18. escrito por CCA en 1897)
Esta descripción nos trasmite una visión trinitaria:
La presencia del Padre está simbolizada en “una gran luz pura y clarísima, sin fondo, como que no tenía fin” “un montón de nubes luminosas o iluminadas por el mismo fuego vivo”.
La presencia del Espíritu Santo está simbolizada en la paloma que cubría con sus alas todo el misterio, “una Paloma blanca y luminosa”.
La presencia de Jesucristo está simbolizada en “un Corazón rodeado con otro fuego y luz especial”.
La presencia de la humanidad está simbolizada en “una enorme Cruz, sin ningún apoyo”.
LA CRUZ EMBLEMA O ESCUDO DE LAS PERSONAS QUE VIVEN EL APOSTO- LADO DE LA CRUZ Y LA ESPIRITUALIDAD DE LA CRUZ
La Cruz del Apostolado es el estandarte propio de la asociación llamada, “Apostolado de la Cruz” al que en sentido amplio pertenecemos todos los miembros de la Familia y de la Obra de la Cruz, al vivir con Cristo, en Cristo y como Cristo Sacerdote y Víctima su apostolado propio, que es ofrecerse al Padre movido por su Espíritu para la salvación de toda la humanidad.
La Cruz del Apostolado es el emblema de todos los miembros de la Iglesia que vivimos la Espiritualidad de la Cruz. Esto es incuestionable y se puso en evidencia en la celebración del primer Congreso Internacional de la Espiritualidad de la Cruz que tuvo como centro la Cruz del Apostolado
LA CRUZ DEL APOSTOLADO PROPIO Y EXCLUSIVO DE CRISTO SACERDOTE Y VICTIMA.
La carta a los Hebreos presenta a Jesús como el “Apóstol” por antonomasia, enviado por el Padre para reconciliar al género humano con Dios y salvar a todos los hombres y mujeres. El autor de la carta dice:
“Hermanos, partícipes de una vocación celestial, considerad al Apóstol y sumo Sacerdote de nuestra fe, a Jesús, que es fiel al que le instituyó” (Hb. 13,1)
En la nota de la Biblia de Jerusalén dice: Cristo es Apóstol, es decir, enviado por Dios a los hombres.
Por su parte S. Juan en su Evangelio dice:
“Dios ha enviado a su Hijo al mundo para que el mundo se salve por El” Jn3,17
El Catecismo de la Iglesia Católica nos ilumina el Apostolado de Cristo al decir:
“Siendo Cristo enviado por el Padre, fuente y origen del apostolado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado, tanto el de los ministros ordenados como el de los laicos, depende de su unión vital con Cristo” (864)
“Se llama “apostolado” a toda la actividad del cuerpo místico que tiende a propagar el reino de Cristo por toda la tierra” (863)
Esta Cruz redentora y santificadora representa el apostolado único y exclusivo que sólo puede realizar el Dios Hombre y el Hombre Dios. Sólo Cristo puede dar su vida para destruir el pecado, sólo Jesucristo puede tener el poder de liberar al ser humano de la iniquidad del pecado y unirlo con Dios.
CC de A anota en sus escritos, la siguiente palabra de Jesús:
“Yo fui el primer apóstol de la Cruz, mi vida entera fue el apostolado de la cruz en todas sus formas, ya en lo oculto del sacrificio, ya en el celo exterior que manifesté con mis obras” CC 6, 255-257
Y en otro lugar dice:
“El apostolado de la Cruz fue mi apostolado... Yo enseñé al mundo con mi amor y con mi dolor” Ap. Cruz, p.80
A la luz de estas palabras se ilumina la expresión: “Cruz del Apostolado”; esta expresión no se refiere sólo al símbolo o emblema de la “Asociación llamada Apostolado de la Cruz”, sino sobre todo a la actividad salvífica y apostólica de Jesucristo. Jesús realizó su apostolado de salvación, a través de la Cruz.
Al decir el Señor a Conchita: “Yo fui el primer apóstol de la Cruz” le está enseñando que todos debemos imitar y seguir a Cristo, siendo con Él apóstoles de la Cruz; y que sin Él y sin su cruz, no realizaremos un verdadero apostolado salvífico. A la luz de esta intuición, podemos entender, de manera más profunda, la palabra que Cristo nos dirige en el evangelio: “El que no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14,27)
El discípulo de Jesús es aquel que se identifica con su amor apostólico, que hace suyo su modo de amar a Dios y a sus hermanos los hombres. El modo de amar de Jesús es la Cruz.
Al decirle el Señor a Conchita: “mi vida entera fue el apostolado de la Cruz”, le enseña que no sólo en el momento en que murió en la Cruz, fue apóstol de la Cruz, sino durante toda su existencia terrestre, desde el inicio de la Encarnación, hasta la entrega de su vida en la Cruz.
Al decirle que vivió “el apostolado de la Cruz en todas sus formas”, le enseña que su actividad salvífica la ejerció de muy diversas maneras por medio de la cruz; en otras palabras: que la Cruz puede ser vivida de diversas maneras.
Al decirle que “vivió el apostolado de la Cruz, ya en lo oculto del sacrificio, ya en el celo exterior que manifestó con sus obras”, enseña a Conchita que su apostolado de la Cruz lo vivió mediante su sacrificio interior y oculto y mediante sus actividades apostólicas de predicación, de milagros y hechos de su vida.
Con estas palabras Jesús enseña a Conchita y a toda su Familia espiritual la manera de vivir, unidos a Cristo, su Apostolado de la Cruz, haciendo propios el celo exterior de Jesús y su sacrificio oculto, vivido, durante toda su existencia terrestre, en el interior de su corazón sacerdotal. Jesucristo desea que este mismo apostolado de la cruz sea vivido por todos los miembros de su Cuerpo místico.
En el siguiente texto, Jesús enseña más concretamente a Conchita y a toda su Familia espiritual cómo deben vivir ese Apostolado de la Cruz interior y espiritual.
Al decirle: “el apostolado de la Cruz fue mi apostolado”, le enseña que entre todas las formas de apostolado, vividas por Jesús, éste Apostolado de la Cruz interior es el principal y el apostolado propio y exclusivo de Él.
Pero no sólo le dice cuál fue su apostolado, sino le enseña el modo cómo Jesús vivió ese apostolado: “Yo enseñé al mundo con mi amor y con mi dolor”. El Apostolado propio de Jesús, más aún su Apostolado original y exclusivo, fue su amor redentor y su dolor expiatorio que compra arrepentimiento, dolor por los pecados, contrición perfecta. Ese Apostolado salvífico de la Cruz sólo puede ser vivido y para decirlo de una forma coloquial: sólo puede ser inventado y realizado por Jesús, Dios –Hombre y Salvador de los hombres.
Pero esa forma de Apostolado interior y espiritual, Jesús desea no sólo darlo a conocer a Conchita, sino en enseñarle la manera de participar en él. Esta es la enseñanza principal del mensaje de la Espiritualidad de la Cruz y de la Cruz del Apostolado.
Jesús invita a Conchita a vivir este apostolado de la Cruz interior, mediante la participación en el amor redentor y expiatorio de Jesús Sacerdote. Jesús dice a Conchita:
“Yo fui la primera Cruz viva y mi madre enseguida de Mí, somos los retratos que deben copiar las cruces vivas” CC. 5,118
La primera carta de San Pedro dice: Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo. I Pe. 2,4-5
En el lenguaje de Concepción Cabrera de Armida “Cruz viva”significa ser “Cruz viviente del Apostolado”. Todo cristiano es llamado a ser una reproducción viva, “retrato vivo” del amor puro, santificador y expiatorio de Jesucristo. En otro lugar le dice:
“Atraído por mi gran misericordia vengo a dar un alerta al mundo, vengo a llamar a las almas a la cruz, y atraerlas por este único medio, a mi corazón para salvarlas”. CC.14, 169
El Señor viene a invitar a todo cristiano a vivir el amor salvador y redentor de Jesucristo, al “unirlo a su corazón”, o sea al configurarlo con su amor, para que pueda ser salvado y colaborar con Cristo a la salvación de sus hermanos.
Más adelante le explica el Señor a Conchita la eficacia de este apostolado de la Cruz:
“Pueden fracasar muchos apostolado, menos el de la Cruz, que fue el mío, el que vine a enseñar a la tierra, por el propio renunciamiento” CC 49, 33
La eficacia de este apostolado no depende de la criatura, ésta es incapaz de vivir un apostolado de esta perfección, la eficacia viene del amor purísimo y omnipotente del divino Salvador del mundo, Jesucristo, nuestro único Redentor.
El Señor especifica a Conchita con más claridad cuál es la clase de amor y de dolor que ella debe vivir, unida a Jesucristo, para colaborar con Él en la obra de la salvación.
“Este apostolado de la Cruz alcanza su grado más sublime, en el del dolor inocente, amoroso y puro, expiatorio y salvador, a favor del mundo” CC. 42, 88
Jesús es el único Sacerdote que puede vivir esa clase de dolor inocente, purísimo,
expiatorio y redentor. Así lo dice el autor de la carta a los hebreos:
“Este es el Sacerdote que nos convenía, santo, inocente, incontaminado, apartado de los pecadores, encumbrado sobre los cielos, que no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada día como aquellos sumos sacerdotes, primero pos sus propios pecados, luego por los del pueblo; esto lo realizó de una vez para siempre, ofreciéndose a Sí mismo. (Hb. 8, 26-27)
La esencia del mensaje, que esta Cruz de Jesús, trasmite a Conchita, al mundo y a la
Iglesia de hoy, es hacerla entender que sólo unida Jesucristo, único Redentor y sumo Sacerdote de la Nueva Alianza, puede realizar su misión de colaborar con Jesús en la redención viviendo el mismo amor purísimo, expiatorio de Jesús, junto con la Familia de la Cruz, llamada también a vivir este apostolado propio y exclusivo de Cristo Sacerdote-Víctima.
Este apostolado sacerdotal, propio y exclusivo del Sacerdote de la Nueva Alianza, es vivido por Cristo, mediante la ofrenda de Sí mismo. Así lo afirma la carta a los hebreos:
“Por el Espíritu eterno se ofreció a si mismo inmaculado a Dios” Hb 9,14.
El Señor concede a Conchita la gracia de participar en ese apostolado de la Cruz, propio y exclusivo de nuestro Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza:
“Tu morada será no sólo dentro de mi corazón, sino dentro de la cruz de mi corazón...ahí se encuentra la paz y la alegría por medio del dolor. Esa fue mi vida sobre la tierra”. CC. 3,14-16; 1894
En otro momento de su vida le dice:
“Quiero darte a gustar los dolores de mi corazón, ¿quieres ayudarme a sufrirlos? CC.12, 1 48-150; marzo 14, 1900
Conchita experimenta en su espíritu, efectos de participación en la pasión redentora de Cristo.
“Experimento, Padre (dice a director espiritual) un nuevo dolor, muy fino que traspasa, y lacera como un agudo puñal. Es dolor en el alma, pero sensibilizado, causando el efecto de una espada que traspasa el corazón. Ese efecto se produce al ver, al sentir ofendido a Dios. Esto es muy íntimo... duele a lo divino. Es terrible esto, pero los intereses de Jesús son los míos, y quiero acompañarlo y evitarle a Él lo que tanto debe dolerle”. CC. 23, 9,10, Julio 3, 1906
Al reflexionar someramente el mensaje del Apostolado propio y exclusivo de Jesús, entendemos por qué la “Cruz del Apostolado de Jesús” es una “Cruz Pascual”. Esta Cruz salvadora de Jesús, hace pasar al pecador de la muerte (del estado de pecado) a la vida (al estado de resucitado), al ser inmerso en la vida de Dios y en el amor santo de Dios. Esta es la Cruz del Nuevo Pueblo Sacerdotal, adquirido con la sangre de Jesús. Esta Cruz del Apostolado de Jesús es el símbolo propio de todos los que hemos sido llamados a vivir la misión y la actividad apostólica propias de Cristo Sacerdote Víctima.
Este misterio de la Cruz redentora de Cristo es el acontecimiento que vivimos y creemos al celebrar la Eucaristía. La Asamblea litúrgica dice en labios del sacerdote celebrante:
“Este es mi Cuerpo entregado por ustedes”. 
“Esta es mi Sangre derramada por ustedes”.
“Para la remisión de los pecados” Lc. 22,19-20
En la Eucaristía, Cristo Sacerdote de la Nueva Alianza, continúa redimiendo y salvando a la familia humana. En el sacrificio de la Cruz, en la Eucaristía, Cristo ve realizado su anhelo profundo de enviado del Padre para salvar al mundo y llevarlo al santuario celeste. En la Eucaristía consuma las Escrituras y eterniza su sueño de Salvador.
El Señor invita a Conchita a prolongar en su vida, la obra de salvación y de redención:
“Quiero que seas la imagen o retrato de la cruz del apostolado” CC 6,98
Desde esta óptica se entiende perfectamente el texto de Mons. Martínez:
Siempre he creído que la Cruz del Apostolado es el símbolo de la vida espiritual de las almas de la Cruz, y especialmente de su alma; y desde 1894, el Señor simbolizó en esa Cruz el plan divino acerca de la vida espiritual de usted. Le dijo que entrara en Jesús primero; después, que penetrara en su Corazón, y que después de pasar el océano de amargura que ese divino Corazón encierra, llegaría a la Cruz interior, y que arriba de esa Cruz interior, solamente está el Espíritu Santo, y que en Él se consumaría su vida, esto es, en la unidad del amor que es el Espíritu Santo”.
CC 56, 29-30
Para cumplir con su misión, el Señor orienta a Conchita para vivir la esencia de su obra de redención:
“No creas que sólo salvé al mundo con la cruz del Calvario y con el derramamiento de mi Sangre; ...[] lo esencial en la salvación de las almas, de todo el género humano, fue mi pasión interna que comenzó en la Encarnación y que no concluyó con mi muerte, sino que místicamente se perpetúa en mi Corazón amoroso y doloroso, continuando comprando gracias y dones y carismas para mi Iglesia y para las almas. Pero es una gracia de predilección mía muy grande, el de asociar a esa pasión interna a otras almas escogidas, para que, unidas a Mí, y transformadas en Mí, la continúen en la tierra por los mismos fines, y sufriendo por la misma causa, esa íntima pasión de mi Corazón.
Pero salvó al mundo más que nada, y glorificó al Padre más que nada, y compró raudales de gracias más que nada, mi pasión interna; dolor purísimo, nacido, crecido y alimentado de solo amor”.
CC 53, 255-256. 258
Toda esta doctrina hace eco a las palabras que Jesús nos deja en el evangelio:
“HE VENIDO A TRAER FUEGO A LA TIERRA Y QUE HE DE QUERER SINO QUE ARDA”.
(Lc. 12, 49)
CONCLUSIÓN:
La Cruz del Apostolado que Jesús nos ha regalado es fuego abrasador, expresión del amor santificante del Espíritu Santo; es fuego abrasador, expresión del amor purísimo del Padre; es fuego abrasador, expresión del amor expiatorio y redentor de Jesús; y es fuego abrasador, es amor divino y trinitario que purifica y salva a toda la humanidad, para asociar con Cristo y en Cristo verdadero Dios y verdadero Hombre, a todo su Cuerpo místico a colaborar, con Él y en Él, en la redención de toda la familia humana.
Al contemplar la Cruz del Apostolado de Jesús Sacerdote Víctima, vemos realizadas con plenitud asombrosa las palabras del profeta Isaías, que anunciaban al futuro Mesías, Salvador del mundo:
“Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra” Is.49,7

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