Una de las tradiciones mas antiguas, mas arraigadas y bellas de este país es el Día de Acción de Gracias, fecha en que se recuerda anualmente la acogida por parte de los Indígenas Nativos de estas tierras, hacia los primeros Colonizadores Ingleses degustando pacíficamente en torno al platillo regional: El Pavo. Lo que empezó como un idílico encuentro amistoso, pronto se transformaría en opresión y despojo por parte de los llegados del otro lado del Océano, olvidando rápidamente su calidad de Huéspedes, hasta convertir en extraños a los que esta tierra había visto nacer.
En diversos momentos de la historia, grandes oleadas de Europeos, huyendo de la Pobreza y del Hambre en sus países, con la firme esperanza de libertad y nuevas tierras para establecerse, llegaron desde Irlanda, Inglaterra, Italia, Alemania, trayendo consigo sus energías y sueños, sus tradiciones, y su fe, Europeizando rápidamente para bien y para mal estos nuevos territorios, sin detenerse ante la presencia y tradición indígena, que termino siendo casi totalmente exterminada.
Cada país tiene derecho a su Autonomía, independencia y propias leyes para servir a sus Ciudadanos, para proteger su Economía, Seguridad y Estabilidad; pero el hambre no puede esperar meses o años para ser Legalizada, el hambre necesita Pan Hoy. Esta Nación que tanto se Gloría de ser la mas ponderosa del mundo, se ha formado con el duro trabajo de los inmigrantes, miles de ellos mexicanos (por casi dos siglos, sobre todo en los Estados Sureños, que por tanto tiempo también pertenecieron a México). La inmigración Hispana (que no solo mexicana) en los últimos 20 años ha sido impresionante hasta formar los enormes números que se calculan hoy día (12 millones, muchos de los cuales son indocumentados), no ha creado una recesión económica, sino por el contrario un auge en todas las áreas de la economía, tanto en la agricultural como en la Industrial y urbana.
Durante este último año, en mi Nuevo ministerio en esta Arquidiócesis de Seattle, Wa. como Obispo Auxiliar y Vicario del Ministerio Hispano, he podido constatar en carne propia el gozo enorme que da a mis hermanos Hispanos el descubrir el apoyo y cercanía de un Obispo Hispano, pero también en la elaboración de un Plan Pastoral Arquidiocesano, he podido sentir muy de cerca el Racismo, la bigoteria, las categorizaciones e ideas preconcebidas contra todo aquel que no tenga la piel clara, pelo rubio y sobre todo que no hable Inglés como lengua materna con acento Americano, incluso por parte de nuestras comunidades parroquiales y algunos miembros del Clero.
Desde mediados de Marzo próximo pasado, cuando se presentaron las proposiciones de ley contra los Indocumentados y contra toda Institución que ayude a los mismos (aunque sean de caridad, como la Iglesia) , y como representante de la Iglesia Católica he tenido extensas entrevistas con las Senadoras Estatales de los dos Partidos Políticos mayoritarios (Republicanos y Demócratas) presionando por lograr su voto favorable hacia una reforma migratoria justa y accesible, manifestando clara y firmemente la postura de la Iglesia Católica, en favor de la caridad, la justicia, la dignidad y respeto que merecen todos nuestros hermanos que trabajan duramente en labores que los Ciudadanos no desean y con retribuciones muy por debajo de lo justo establecido, solo por no tener documentos oficiales de residencia.
Los pasados días 10 de Abril y Mayo 1, y en Colaboración con diversas Asociaciones Hispanas Civiles y Ecuménicas, lidereamos Marchas masivas por las calles del Centro de Seattle, empezando en la Iglesia de Santa Maria, en donde oramos e impartimos la bendición, y terminando en el Edificio del Gobierno Federal, manifestando nuestro repudio del maltrato y abuso del indocumentado (y tantas veces muerte) y nuestro clamor por leyes que reconozcan, valoren y apoyen la presencia enriquecedora del inmigrante (en su mayoría Católico), que atrajeron multitudes de 25 mil y 30 mil gentes respectivamente y que mostraron no solo aquí sino a lo largo y ancho del País y por primera vez en la historia la fuerza y la unidad del Hispano, con manifestaciones totales de cerca de dos millones el pasado día primero de Mayo.
Como era de esperarse, en todos los días subsecuentes, hemos recibido en las Oficinas del Episcopado toda clase de Cartas y mensajes de todas las procedencias agradeciendo y alabando el apoyo a este tema tan delicado, pero también infinidad de acusaciones y quejas y denuncias en cartas y los medios públicos, de ser antipatriotas y de socabar la seguridad Nacional y alentar el quebrantamiento de las leyes de la Nación.
El Verbo eterno de Dios se hizo inmigrante en nuestro mundo y nuestra naturaleza humana, Jesús niño con sus Padres vivió como inmigrante en Egipto, en su propia tierra sufrió la opresión del conquistador romano, y sobre todo experimento la desolación que trae el no ser entendido al tratar de hacernos entender con su vida que todos somos hermanos e hijos del mismo Padre en esta tierra, en que existimos solo como Peregrinos hacia la verdadera y eterna Patria Celestial en donde la Carta de Ciudadanía será solamente el haber amado al estilo de Jesús. Mientras llegamos a esa Patria común, sigamos trabajando en este mundo con ese sabor agridulce del ser inmigrantes.