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Dios Padre no solo ha querido que la Cruz del Apostolado represente su amor sacerdotal por la humanidad sino que además ha querido que sea el símbolo de nuestros sueños y esperanzas. En un interesante trabajado realizado por el R.P. Héctor Carriedo M.Sp.S. sobre la simbología de la Cruz del Apostolado, nos recuerda que dicho símbolo es también una proyección de la propia Concepción Cabrera de Armida, es decir, en dicha Cruz ella logró representar su experiencia de Dios, ante esto, nosotros también estamos llamados a identificarnos con aquella Cruz que tiene mucho que decir al mundo.
Al mirar o reflexionar sobre el mensaje de la Cruz del Apostolado debemos recordar que ella representa el pasado, presente y futuro de nuestro caminar con Dios porque, a través de la carga simbólica que dicha Cruz posee, es como hemos ido entendiendo lo que Dios nos pide como personas que hemos sido conquistadas por Jesús Sacerdote y Víctima. Ese fuego que rodea al Sagrado Corazón de Jesús nos recuerda que esa llama de amor que ha nacido entre nosotros y Dios no se apagará, aún en las peores pruebas, si no perdemos la confianza y la esperanza en Él.
Recordar el mensaje de la Cruz del Apostolado nos lleva a pensar en el primer encuentro con Dios, en aquel día o circunstancia donde iniciamos esta gran aventura que nos ha llevado a lugares y experiencias inesperadas. En Jesús María, S.L.P. se plantó la primer Cruz del Apostolado, una Cruz que ahora ha nacido en el interior de muchos católicos de diversos países, una Cruz que debemos continuar difundiendo porque el fin de todo Apóstol de la Cruz y del Espíritu Santo es el de saber ser promotores de esperanza y vida.
Centrándonos en el tema principal de nuestra reflexión podemos decir que la Cruz del Apostolado simboliza nuestra vocación, nuestras caídas, nuestros triunfos, los ideales personales, así como los anhelos más profundos, ante lo anterior, es importante saber que esa Cruz ha marcado nuestra historia personal porque su mensaje nos llena como ningún otro lo hace, ya que proviene de aquel Jesús que nos enseñó el sentido del amor y del dolor, un sentido que no debe ser orientado sino con la fuerza de la esperanza.
Cada uno tiene su propia Cruz del Apostolado con su historia personal. Todos los miembros de la Iglesia tenemos anhelos, sin embargo, y aunque se vayan realizando poco a poco, o bien sean dirigidos por Dios hacía otra dirección, no hay que perder ni la fe ni la esperanza pues Cristo es nuestra fuerza para ir cumpliendo con eficacia nuestra misión en el mundo y en la Iglesia. Cuando la esperanza nos falte, cuando creamos que nuestras metas se derrumban, no dudemos en recordar que en la Cruz del Apostolado está aquella promesa de Jesús que nos recuerda que Él jamás nos dejará sin rumbo.

Carlos Díaz Rodríguez*
*Actualmente soy miembro del grupo de Espíritu y Vida, el cual es asesorado por la Congregación de las Hijas del Espíritu Santo. Conocí la Espiritualidad de la Cruz al ser alumno del Instituto Rougier (Veracruz) que actualmente atienden las Hijas del Espíritu Santo, las cuales fueron fundadas, por el Venerable P. Félix de Jesús Rougier M.Sp.S. y la Sierva de Dios R.M. Ana María Gómez Campos, F.Sp.S.
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