1234557
 
 
 
 

 

 

Por una Familia de la Cruz unida:

 

Jesús Sacerdote y Víctima, nuestro modelo a seguir, llegó a decir “Qué todos sean uno como tú, Padre, estás en mí, y yo en ti-yo en ellos y tú en mí-para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que los he amado a ellos como me amaste a mí” (Jn. 17 21-23). Delante de las palabras de ese Dios que nos ha amado sin medida, no podemos sino convencernos de la necesidad de hacer de la Familia de la Cruz un ejemplo de verdadera unidad, donde todos busquemos ayudarnos para sacar adelante la misión que hemos recibido, esa misión que se encuentra representada a través de la Cruz del Apostolado.

 

Lo que le suceda a una institución de la Familia de la Cruz, aunque no sea la nuestra, nos debe de importar porque tenemos un mismo espíritu aunque, cada instituto, posea un carisma en particular. La realidad nos muestra que, cuando se quiere, las cosas salen y se consiguen diversos logros positivos, por ejemplo, el propio III Congreso Internacional de la Espiritualidad de la Cruz es algo que no se estaría logrando sin la unidad de la gran Familia de la Cruz que sigue creciendo a través de los nuevos miembros que se hacen parte de ella.

 

¿Apoyamos los grupos de laicos que son de nuestra Espiritualidad? ¿Qué tanto nos comunicamos con aquellos que, sin ser de nuestro instituto, son parte de nuestra misma familia? ¿Me intereso por trabajar a favor de la unidad? Creo que son preguntas que nos ayudarán a ver cómo estamos en aquello de favorecer la unión. No importa si somos laicos y tenemos que trabajar con los consagrados, al contrario, de la diversidad salen grandes cosas que nos permiten seguir adelante.

 

Creo que, si Jesús nos quiere unidos, es porque sabe que es para nuestro propio bien. Cristo Sacerdote y Víctima es uno con el Padre y con el Espíritu Santo, ante esto, busquemos como miembros de una misma Familia aprender a trabajar en común, es decir, respetando los apostolados específicos de cada instituto, sabiendo encontrar líneas de acción comunes como la difusión de la Espiritualidad de la Cruz tanto a nivel nacional como internacional. El que existan las reuniones de los Consejos Generales de cada instituto de la Familia de la Cruz, es un paso más en la vivencia plena de la unidad en tiempos donde sin unión solo queda el fracaso. Creo que hemos caminado mucho en la unidad y que no debemos dar ni un paso atrás en este sentido.

 

Que la unidad sea parte de nuestra misión y que si, por ejemplo, llega a nuestra ciudad algún grupo de la Familia de la Cruz seamos realmente hermanos y les ayudemos en lo que podamos porque tenemos un mismo origen y eso es lo que cuenta. ¡Ánimo Familia de la Cruz! vamos dando avances en materia de unidad, de hecho, se puede hacer más en todo esto y lo haremos al lado de Nuestro Señor y de la Santísima Virgen María.

 

Carlos Díaz Rodríguez*

*Actualmente soy coordinador Gral. del grupo de Espíritu y Vida, el cual es asesorado por la Congregación de las Hijas del Espíritu Santo.