Conveniencia migratoria

Vidal Garza Cantú

ARTICULO EXTRAÍDO DEL PERIÓDICO EL NORTE 19 Ene. 08

Inicio esta colaboración con una afirmación esperando estar equivocado. A México y a Estados Unidos les conviene seguir sin una reforma migratoria integral.

Es sabido que uno de los temas más álgidos de la relación México-Estados Unidos es y lo seguirá siendo el fenómeno migratorio. Es un problema que no puede ser visto sin la historia, su evolución, la apertura comercial y economía, además de las diferentes políticas públicas que ambos países han instrumentado para atenderlo.

Algunos hechos demográficos y económicos nos podrán ayudar inicialmente a construir esta hipótesis. Desde la década de los 60, mexicanos y norteamericanos han emigrado entre los dos países. La balanza más o menos ha sido equiparable si usamos como denominador el tamaño de la economía.

De 1960 a la fecha han emigrado de México cerca 12 millones de paisanos. En ese lapso hemos recibido poco más de 1 millón de estadounidenses en nuestro País. Dado que el tamaño de nuestra economía no es 12 veces, sino 14 veces más pequeña que la de nuestro vecino del norte, por equilibrio de economías, sin importar población, aún hay margen de absorción de mexicanos en Estados Unidos.

Pero las razones económicas son mucho más determinantes, más contundentes que las demográficas, para explicar el fenómeno migratorio. De hecho, si vemos las cifras con frialdad, cada minuto del sexenio del Presidente Fox emigró un mexicano con o sin visa a los Estados Unidos. Casi 2 y medio millones de mexicanos se fueron a Estados Unidos tan sólo en lo que va de este siglo.

Sin embargo, debemos agregar más elementos a esta discusión. Cada día se registran entre los dos países 1 millón de cruces. Somos la frontera con mayor dinamismo de cruces fronterizos en el mundo. Por cierto, la gran mayoría de ellos ocurre con total tranquilidad, orden y transparencia. Con 365 millones de cruces al año, el que poco más de 2 millones de mexicanos se queden en los Estados Unidos de alguna u otra forma no debería extrañar a nadie.

Adicionalmente hay un dato fundamental. La economía americana requerirá 56 millones de nuevos empleos en los próximos 10 años, de acuerdo con el US Bureau of Labor Statistics. La mitad de esos empleos, es decir, cerca de 3 millones de nuevas oportunidades laborales anualmente, no requieren ningún tipo de habilidad, destreza o nivel educativo especial.

Estos trabajos son nuevos y, por tanto, no les quitan la oportunidad a los americanos porque la gran mayoría son rechazados por ellos mismos, dado el nivel de bajo salario sin prestaciones que generalmente los acompañan y su orgullo. Sin embargo, disfrutan de tener servicios de todo tipo, restaurantes baratos y productos agrícolas a bajos precios.

En México debemos alertarnos, pues la salida de casi medio millón de mexicanos al año ha disminuido la presión por generar empleos en México. Cómodamente necesitamos menos empleos para los que se quedan, parecería. Pero el daño es aún mayor. Perdemos a la población económicamente productiva en el fenómeno migratorio. Perdemos a los que realmente pueden y deben trabajar por México y lo hacen por otro país. No podemos olvidar que un país sin fuerza laboral no tiene viabilidad económica.

Gobiernos y sector privado pudieran apreciar esa salida ante la incapacidad de generar más oportunidades de empleo, pero ésta no impulsa el desarrollo nacional. México requiere producir poco más de un millón de empleos cada año para evitar la migración. Esto sólo se ha podido lograr cuando nuestra economía crece por arriba de 5 por ciento; algo que no hacemos desde hace ya varios años.

Contrariamente a lo que muchos consideran, bajo un acuerdo migratorio la cantidad de inmigrantes estaría definida, lo cual si bien aumenta la certidumbre laboral disminuye la posibilidad de ser una válvula de escape como ahora la usa México.

A México le conviene no tener un acuerdo migratorio para seguir evadiendo su responsabilidad y presión por generar sus propios empleos. A Estados Unidos le conviene no tenerlo, pues aumentaría el costo de los empleos menos calificados, empleos que, aunque no quiera, los seguirá creando y necesitando por millones anualmente.

 

 

(Muy pronto podrás consultar aquí, estadísticas de otros países)

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