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SACERDOCIO MÍSTICO
Jesús, Eterno Sacerdote,
hoy te vengo a buscar,
como siempre, al calor del Sagrario;
como siempre a los pies del altar.
Es que traigo
esas ansias que Tú bien conoces
y que nunca he sabido ocultar,
esas ansias de ser sacerdote
que levante la Víctima Pura
y con Ella se sepa inmolar.
Pero ya que no puedo
con mis manos, la Hostia y el Vino
a tu Padre ofrecer;
ya que nunca mis dedos de barro
llegarán a rozar el Misterio
porque Tú me quisiste mujer,
formaré en mi interior suavemente
un altar
y en él, constantemente,
por manos de María Inmacu1ada,
por medio del Espíritu Divino
te ofreceré y me quedaré inmolada,
tu carne con mi espíritu,
mi sangre con tu vino...
y el Padre,
1o sabemos muy bien,
se inclinará amoroso
ante este Sacrificio misterioso
que vamos a ofrecer.
Sólo una cosa pediré al Amado
en la mística Misa
que celebre Contigo en soledad,
s6lo una cosa:
que se haga siempre,
en el cielo, en la tierra y en mi vida,
su Santa voluntad.
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