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La Espiritualidad de la Cruz hecha poesía

Por la Hermana María Emilia Peña, messt

 

 

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A N C I L L A 

Nada tengo en el fondo del alma 
que no sea tuyo; 
ni la risa tranquila y serena  
de mi santa alegría; 
ni la lucha constante en que huyo  
de ofender al Señor cada día; 
ni siquiera, María, 
esta grande miseria que llevo  
sobre toda mi vida, 
y esta inmensa agonía 
de inf1amarme con ansias de cielo 
y quedarme del suelo prendida 


Todo es tuyo, Señora, 
cada hora, 

cada año que pasa inflexible 
y destruye mi propia existencia 
1o he pasado perdida 
en el mar sin orillas de tu amada presencia. Soy tu esclava de amor para siempre 
y Tú sabes, María, 
ser esclava supone 
un olvido total de mí misma; 
un ponerte las manos vacías sobre el dulce 
regazo; 
un buscar el calor de tu abrazo y esa unión misteriosa 
que te ve en cada cosa 
y depende de Ti en cada paso. 

¡Qué cadenas tan dulces 
las que me unen a Ti, mi Señora!  
son cadenas de amor que me hieren con heridas que el alma atesora; 
ya 1o ves, 
soy cautiva en tu manto de cielo  
y en tus ojos sin par de paloma;  
soy cautiva que pasa de vuelo 
y a tu alma de Madre se asoma;  
soy cautiva en tus lazos de cielo  
en que vivo prendida 
y me siento tan tuya 
que a esta dicha me entrego rendida 

Soy tu esclava de amor para siempre; 
¿qué más puedo pedir1e a la vida