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La Espiritualidad de la Cruz hecha poesía

Por la Hermana María Emilia Peña, messt

 

 

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SACERDOCIO ES DOLOR 

Cuando "Tú me llamaste 
sentí todo el calor de tu llamada 
y se encendió mi ser: 
aquella llamarada 
era tan poderosa 
que tuve fuerzas para dejarlo todo...  

Entrega portentosa, 
sin quejas, ni medidas, ni temores;  
sólo un chisporroteo misterioso 
que me quemaba el alma y me gritaba:  
"Te espera el Sacerdocio".

y tras de Ti me fui con la locura 
del que ama intensamente; 
sin fijarme en mis fuerzas limitadas  
ni medir las torturas del camino, 
me fui tras de tu amor, cual peregrino  
que sólo caminaba 
bajo el hondo fulgor de Tu mirada.  

Entonces, yo no sabía, Jesús, 
1o que tu amor costaba; 
entonces, aún no cargaba 
en mis hombros el peso de tu Cruz. 
y pasaron los años, 
de intimidad, de mutuas donaciones,  
Tú, dándome Tu Ser constantemente, 
yo más y más muriendo a mis pasiones 
para darte mi ser enteramente. 
y fui tu SACERDOTE; 
qué momentos aquéllos 
en que dejé mi pobre carne humana 
y me cubrí la capa soberana 
de tu inmenso poder; 
qué momentos tan bellos... 
aún ahora, el recuerdo de esa dulce mañana  
me estremece y me llena de profundo estupor.  
y fui tu Sacerdote, para siempre, Señor.  

Desde entonces 
cuánto he gozado 
sabiéndote tan mío y sabiéndome amado, 
pero también, Señor, 
cuánto..., cuánto he sufrido. 
Sacerdocio es dolor, 
cuando Tú me llamaste aún no lo sabía 
y corrí a Tu llamado, 
mas cada nuevo día 
me fue trayendo parte del secreto: 

Para ser "otro Cristo" es necesario  
romperse el corazón 
y al inmolar la Víctima Divina 
hacer, en cada Misa, la propia inmolación; 
para ser "otro Cristo" es necesario 
entregarse a las almas con los brazos en cruz, 
y sentir como ellas, y sufrir como ellas, 
y perderse en sus noches sin consuelos ni luz. 

Para ser "otro Cristo" hay que vivir la lucha dolorosa y constante 
entre el cuerpo y el alma, 
esa lucha gigante 
en que trata el espíritu. de perderse en el Seno 
infinito del Padre 
y aunque esté subyugado por el ansia de darse,  
de su cárcel de carne 
aún no puede escaparse. 

Para ser "otro Cristo”, y "otro Cristo fecundo" que contagie a otras almas 
de la extraña locura de conquistar al mundo  
para el amor divino, 
es necesario 
dejar huellas de sangre que marquen el camino...

Yo no sabía, Señor, 
la lección que la vida me enseñó de memoria:  

SACERDOCIO ES DOLOR. 

Pero mira,  
si ahora me llamaras nuevamente; 
SI ahora Tú quisieras repetir esa historia 
de Tu vida y mi vida confundidas en una, 
si inclinaras Tu frente  
y en mi oído sonara Tu Voz como hace tanto, 
aunque me ahogara en llanto, 
aunque se estremeciera 
mi carne ante la angustia del camino, 
con tal de ser tu Sacerdote eterno,  
con tal de repetir Tu Sacrificio, 
escucharía en silencio Tu llamado 

que me habría de decir hoy como nunca:  

SACERDOCIO ES DOLOR, 

Y dejándolo todo por seguirte  
con el alma vibrante te diría: 
"Cuando quieras, Señor..."