
SACERDOCIO ES DOLOR
Cuando "Tú me llamaste
sentí todo el calor de tu llamada
y se encendió mi ser:
aquella llamarada
era tan poderosa
que tuve fuerzas para dejarlo todo...
Entrega portentosa,
sin quejas, ni medidas, ni temores;
sólo un chisporroteo misterioso
que me quemaba el alma y me gritaba:
"Te espera el Sacerdocio".
y tras de Ti me fui con la locura
del que ama intensamente;
sin fijarme en mis fuerzas limitadas
ni medir las torturas del camino,
me fui tras de tu amor, cual peregrino
que sólo caminaba
bajo el hondo fulgor de Tu mirada.
Entonces, yo no sabía, Jesús,
1o que tu amor costaba;
entonces, aún no cargaba
en mis hombros el peso de tu Cruz.
y pasaron los años,
de intimidad, de mutuas donaciones,
Tú, dándome Tu Ser constantemente,
yo más y más muriendo a mis pasiones
para darte mi ser enteramente.
y fui tu SACERDOTE;
qué momentos aquéllos
en que dejé mi pobre carne humana
y me cubrí la capa soberana
de tu inmenso poder;
qué momentos tan bellos...
aún ahora, el recuerdo de esa dulce mañana
me estremece y me llena de profundo estupor.
y fui tu Sacerdote, para siempre, Señor.
Desde entonces
cuánto he gozado
sabiéndote tan mío y sabiéndome amado,
pero también, Señor,
cuánto..., cuánto he sufrido.
Sacerdocio es dolor,
cuando Tú me llamaste aún no lo sabía
y corrí a Tu llamado,
mas cada nuevo día
me fue trayendo parte del secreto:
Para ser "otro Cristo" es necesario
romperse el corazón
y al inmolar la Víctima Divina
hacer, en cada Misa, la propia inmolación;
para ser "otro Cristo" es necesario
entregarse a las almas con los brazos en cruz,
y sentir como ellas, y sufrir como ellas,
y perderse en sus noches sin consuelos ni luz.
Para ser "otro Cristo" hay que vivir la lucha dolorosa y constante
entre el cuerpo y el alma,
esa lucha gigante
en que trata el espíritu. de perderse en el Seno
infinito del Padre
y aunque esté subyugado por el ansia de darse,
de su cárcel de carne
aún no puede escaparse.
Para ser "otro Cristo”, y "otro Cristo fecundo" que contagie a otras almas
de la extraña locura de conquistar al mundo
para el amor divino,
es necesario
dejar huellas de sangre que marquen el camino...
Yo no sabía, Señor,
la lección que la vida me enseñó de memoria:
SACERDOCIO ES DOLOR.
Pero mira,
si ahora me llamaras nuevamente;
SI ahora Tú quisieras repetir esa historia
de Tu vida y mi vida confundidas en una,
si inclinaras Tu frente
y en mi oído sonara Tu Voz como hace tanto,
aunque me ahogara en llanto,
aunque se estremeciera
mi carne ante la angustia del camino,
con tal de ser tu Sacerdote eterno,
con tal de repetir Tu Sacrificio,
escucharía en silencio Tu llamado
que me habría de decir hoy como nunca:
SACERDOCIO ES DOLOR,
Y dejándolo todo por seguirte
con el alma vibrante te diría:
"Cuando quieras, Señor..."
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