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La Espiritualidad de la Cruz hecha poesía

Por la Hermana María Emilia Peña, messt

 

 

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SILENCIOS... 

Yo que amé tanto el Silencio 
porque el silencio estaba 
de poesía saturado; 
yo que tanto lo he amado 
porque tiene 
no sé qué de sublime y divino, 
porque arrebata al alma cuando sabe adueñarse  
de su incierto camino; 
yo que he amado tanto 
el silencio que vela un dolor ignorado, 
el silencio del grito y el silencio del llanto;  
pensé que había robado 
su virginal belleza a los silencios todos, 
pensé que había logrado 
penetrar su sentido 
en todos sus aspectos, sus maneras y modos,  
pero se había perdido 
un silencio a mi mente, 
el más puro, el más santo, 
un silencio elocuente, 
que llenaba 
todo mi ser a diario 
de un deseo insaciable de amor y de martirio...  
un silencio que es fuente y un silencio que es lirio: 
el divino silencio del Sagrario.