ETERNO AMIGO
Jesús... Amigo...
hoy quiero estar contigo
en esa intimidad franca y sincera
en la que no hay temor ni fingimiento;
en la que no hay más que palabras simples que forja el sentimiento;
en esa intimidad
siempre espontánea
de la mutua amistad...
Ya ves, Señor, vengo a llamarte Amigo,
y sé que me comprendes por entero
y escuchas bondadoso cuanto digo;
sé bien que tu amistad es verdadera,
que no sabes fingir, que nunca engañas, que a Ti sí puedo darte el alma entera
sin tener que llorar...
¡Qué misterio tan hondo, Jesús mío, éste, de tu amistad!
¡Que siendo Dios te abajes a mi nada!
¡Que siendo tan excelso a Ti me llegue
con el alma confiada
y encuentre que te olvidas de tu cielo para buscar en mí, que soy miseria,
un poco de consuelo!
y sin embargo... es cierto,
y te digo,
acercándome a Ti confiadamente:
Jesús, dulce Jesús, eterno Amigo...
|