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La Espiritualidad de la Cruz hecha poesía

Por la Hermana María Emilia Peña, messt

 

 

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ERA UNA SED DE DIOS. . . 

Era un fuego de plomo en el desierto 
sin una gota de agua, 
era una cabellera de cristales 
cayendo en catarata; 
un nocturno silencio sin estrellas; 
unas manos abiertas y vacías 
rasgando sombras y palpando huellas; 
un ansia insatisfecha y angustiosa; 
una queja 
larga como un camino interminable; 
una interna osadía 
saltando hacia 1o eterno 
del limite del yo a 1o inacabable; 
era un no sé qué, inquieto y hondo 
como idea sin palabra o palabra sin voz; 
una piedra arrojada que jamás llega al fondo:  
era un desgarramiento del espíritu, 
ERA UNA SED DE DIOS.