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La Espiritualidad de la Cruz hecha poesía

Por la Hermana María Emilia Peña, messt

 

 

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UN PUENTE ENTRE LAS ALMAS Y TU AMOR 


Un puente entre las almas y tu amor, 
eso quisiera ser, 
Tú lo sabes, Señor. 

Un puente construido con la piedra 
de tu palabra inconmovible y honda, 
de tu Doctrina eterna; 
puente firme, con ansias eterna1es, 
capaz de resistir los vendavales. 

Un puente 
accesible al amor y a la poesía  
en el que se perdiera cada día, 
sobre su lomo manso, 
el beso del crepúsculo y el guiño de la aurora, 
y que ese lomo suyo, como mujer que implora,  
aferrado al amparo de su orilla 
fuera en las noches plácidas de ritmos y querellas 
una resbaladilla 
por donde desfilaran las estrellas. 

Quiero ser ese puente 
por dónde pasen todas las almas que pongas en mi senda, 
que empiecen su camino por mi nada 
y lleguen a tu Ser Omnipotente, 
y sentiré el dolor de su pisada, 
pero, ¿qué importa?, mira…, 
te estoy de tal manera consagrada, 
que en verdad, ya no se si alguna vez fui mía, 
pueden pasar, herir, hacer destrozos,  
y en su loca aventura 
rodar mi mismo corazón por tierra 
sin comprender siquiera 
que el pobre estaba lleno de ternura… 

Una cosa te pido 
si es que Tú me concedes 
tender mi puente entre tu amor y el mío. 

Una cosa te pido solamente; 
que el puente no se parta en dos pedazos 
y detenga los pasos 
de los que van por él hacia tu encuentro; 
el medio como fin… y Tú sediento. 

Que no se rompa nunca, y pues sabes 
de todas mis flaquezas, 
de mi debilidad y mis fracasos, 
cubre mi puente todo con tus brazos,  
ampáralo en tu amor hasta que llegue 
la hora de la cita en que habremos por 
siempre de juntarnos,  
y entonces sí, 
destrúyelo a tu antojo entre tus manos.