UN PUENTE ENTRE LAS ALMAS Y TU AMOR

Un puente entre las almas y tu amor,
eso quisiera ser,
Tú lo sabes, Señor.
Un puente construido con la piedra
de tu palabra inconmovible y honda,
de tu Doctrina eterna;
puente firme, con ansias eterna1es,
capaz de resistir los vendavales.
Un puente
accesible al amor y a la poesía
en el que se perdiera cada día,
sobre su lomo manso,
el beso del crepúsculo y el guiño de la aurora,
y que ese lomo suyo, como mujer que implora,
aferrado al amparo de su orilla
fuera en las noches plácidas de ritmos y querellas
una resbaladilla
por donde desfilaran las estrellas.
Quiero ser ese puente
por dónde pasen todas las almas que pongas en mi senda,
que empiecen su camino por mi nada
y lleguen a tu Ser Omnipotente,
y sentiré el dolor de su pisada,
pero, ¿qué importa?, mira…,
te estoy de tal manera consagrada,
que en verdad, ya no se si alguna vez fui mía,
pueden pasar, herir, hacer destrozos,
y en su loca aventura
rodar mi mismo corazón por tierra
sin comprender siquiera
que el pobre estaba lleno de ternura…
Una cosa te pido
si es que Tú me concedes
tender mi puente entre tu amor y el mío.
Una cosa te pido solamente;
que el puente no se parta en dos pedazos
y detenga los pasos
de los que van por él hacia tu encuentro;
el medio como fin… y Tú sediento.
Que no se rompa nunca, y pues sabes
de todas mis flaquezas,
de mi debilidad y mis fracasos,
cubre mi puente todo con tus brazos,
ampáralo en tu amor hasta que llegue
la hora de la cita en que habremos por
siempre de juntarnos,
y entonces sí,
destrúyelo a tu antojo entre tus manos.
|