Seamos Felices

M.B.A. Douglas Umaña E.

 

Nuestra Espiritualidad es ciencia y florecimiento en nuestras vidas, y piensa en el ser humano como un destinatario privilegiado para la felicidad y esta felicidad tiene como casa un cuartito especial que se llama corazón. Debemos hacernos sensibles a esta profunda aspiración que emana desde ese cuartito, el cuartito de la felicidad que brilla y hace que todo nuestro ser irradie este sentimiento. Pienso que con alegría y felicidad alimentamos los sentimientos de Cristo, anhelando siempre ese ideal de santidad sin malhumor y reflexionando siempre sobre los dolorosos y beatificantes caminos de crecer en la palabra de Dios con la ayuda de nuestros hermanos en las comunidades y obras sin prisa pero sin pausa.

 Las personas de almas grandes y maravillosas como nuestros padres espirituales Conchita y Félix son siempre tranquilas y felices a pesar de las batallas que libren a través de su peregrinar por esta vida. La verdadera espiritualidad tiene el en fondo un discurso que se dirige al paraíso perdido y presenta propuestas y caminos que conducen siempre a la felicidad. Una espiritualidad que no conozca la dirección de la Casa de la felicidad no tendría propósito pues si se equivoca y busca entristecer a las personas entonces diría yo que es falsa.

 Que bellos los sentimientos que en su momento Jesús transmitió a Conchita y que propagó en todas las personas que se encontró a su paso siendo tan fecunda su obra. Entonces ¡que bellos son los sentimientos! ¡Que felicidad poder emocionarse!. Tenemos una cabeza que piensa, un corazón que siente y una cruz por la cual transitamos y que a través de ella nos purificamos. No podemos eliminar ninguno de estos elementos, ni poner uno a favor del otro. Todos juntos nos hacen y nos definen comandados, disciplinados y deseados por el espíritu. Cuando estos elementos conviven armoniosamente y somos obedientes sentimos que la gracia de la felicidad nos invade y nos invita a transmitir a los demás eso que llevamos dentro y que se manifiesta en nuestra vida.

 En la Iglesia en donde todos tenemos el deber y el privilegio de la santidad en donde santidad y malhumor son incompatibles entre sí pues son términos que se excluyen entre si sin madias palabras es como agua y fuego. No es posible que nos imaginemos amando a Dios, que es todo amor y no amando a las otras personas que son hijas amadas de Dios. No es posible vivir amargados porque otros no sienten como nosotros este maravilloso llamado que un día nos hiciera la Cruz.

 Entonces para los cristianos que amamos las obras de la Cruz, la fuente, el camino y la vida, el criterio y el alimento de nuestra vida son el Cristo de la resurrección, el Espíritu Santo que nos consuela y nos da alegría. Quienes perseveremos y sigamos debemos ser una expresión intensa de Jesús, El es el la alegría de los pobres, la alegría de los enfermos y pecadores, la alegría de los perdidos y marginados, la alegría de los que viven separados por muros de segregaciones, la alegría de la misericordia y el perdón, la alegría de la compasión y ternura, la alegría de la consagración a Dios, la alegría de la simplicidad cautivante por la vida, la alegría de tener hermanos, la alegría vivir; por tanto NUESTRA ALEGRIA.

 

 

 

 

 
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